el high y el low
de mis días todos casi iguales:
El aburrimiento al despertar y la posterior ingesta de alimentos sin hambre.
Leer el diario o al menos ojearlo ¿u hojearlo?
Hacer zapping y cambiar de canal al primer comercial sin volver al mismo programa.
Salir a la entrada de mi casa (¡Oh, el himeneo!) y fumar un cigarrillo mientras observo a los caracoles y chapes que circulan en la noche.
Entrar a la cocina a buscar mi dosis de fármacos que trago con náusea pero tranquila sumisión, como si fuera un cumshot del diablo.
Entrar al messenger en modo offline y ver la lista de amigos y pensar palabras para cada uno pero no decir nada. Similar en facebook: revisar todas las actualizaciones y hacer un mapa mental para saber dónde se encuentran esas personas pero careciendo de la energía suficiente para participar.
Amada Luna, salí a mirarte pero ya estaba nublado.
Acostarme con un libro a elección y forzarme a leer para evitar la ansiedad.
Bajar a la cocina por un snack frío y trabar la ansiedad masticando, tragando. Y -oh dios mío- pecando de gula.
Pero, lamento informar, hay algo en mí que está regresando. Es el deseo de luchar. Luchar contra... [el fragmento a continuación ha sido removido para dejar el factor sorpresa]